Buenos días. Esta vez he realizado un estudio acerca de la seguridad informática
del denominado “Internet de las cosas”, y más concretamente de los
nuevos peluches y juguetes con conectividad a Internet.
Empecemos definiendo lo que es el Internet de las cosas:
Se define Internet de las cosas (Internet of the Things (IOT)) en inglés como el sistema
de gente, animales, objetos, máquinas digitales o mecánicas y dispositivos
de computación interrelacionados todos ellos, a los que se les otorga
identificadores únicos a cada uno de ellos y con la
capacidad de transferir datos a una red sin interacciones humano-humano o
humano-ordenador. Sin embargo esto se ve mejor con ejemplos:
los conocidos frigoríficos inteligentes, que son capaces de ver si, por ejemplo,
se nos ha caducado la leche, añadirla a la lista de la compra o
incluso comprarla el mismo por Internet. También servirá como
ejemplo los nuevos marcapasos conectados a Internet, que monitorizan
la actividad cardiaca y permiten saber al médico de cabecera el
estado del corazón de su paciente en tiempo real.
Su funcionamiento se basa en unos pequeños microchips y circuitos
electrónicos con capacidad de conectarse a Internet vía Wi-Fi mediante una red,
que en la mayoría de los casos es del tipo LAN (Local Area Network). Son ordenadores
pequeños e integrados en electrodomésticos, juguetes, peluches...
Obviamente, las ventajas de este tipo de tecnología son enormes. Sin embargo, también,
debido a su mal uso y a que es una tecnología relativamente reciente,
tienen gran cantidad de peligros y de riesgos. En este caso nos centraremos en los peluches
y juguetes “inteligentes”, aquellos que son capaces de transmitir
contenido multimedia de forma remota.
Estos juguetes están comenzando a ser populares entre los más pequeños
de la casa debido a lo interactivos que son (reproducen y guardan sonidos,
hablan con los niños, reproducen acciones como girar el cuello,
mover los brazos, rascarse la cabeza…) y a su aspecto “inocente”.
Estos artículos tuvieron un origen inocente, como una manera de
que los padres pudieran saber qué hacían sus hijos, ya que los datos
recogidos eran enviados a los smartphones de los padres, que accedían a ellos a
través de una aplicación descargable de Play Store, App Store, Windows Store…
relacionada con el peluche.
A pesar de todo esto estos artículos tienen peligros, tanto físicos
(pueden sobrecalentarse y arder) como informáticos. La naturaleza de
estos últimos es especialmente peligrosa, ya que, al ser ordenadores
conectados a Internet están afectados por el peligro de que alguien
pueda hackearlos de forma remota.
Es aquí donde radica el peligro mayor, en que puedan ser hackeados y alguien
no autorizado pueda acceder a lo que el peluche/juguete ve, oye y graba,
además de poder descargar los datos que guarda el artículo como:
edad del niño/a, sexo, domicilio, ciudad… o tomar el control del peluche y
hacerle preguntas al niño como si está solo en casa, a qué hora vuelven
sus padres.... y darle mal uso a esta información que, los niños como niños,
inocentemente responden.
Aunque esto parezca raro, ya se han producido fallos de seguridad que,
aunque se han corregido rápidamente, ponen de manifiesto los riesgos de esta
tecnología y que de momento no debería comercializarse.
Por tanto, es una tecnología que debería de mejorarse por sus posibles
riesgos para la seguridad informática del producto.
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